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Mis cartas llegaron a:

domingo, 18 de junio de 2017

18-06-17

Entonces me pidió que le contara historias sobre él. Pero de las lindas, decía. Quizás no quería verme llorar, nunca lo había hecho y no quería empezar ahora. (No sabía que con un abrazo, bastaba para devolverme la sonrisa).
Empecé contándole que me veía a mi misma, en piyama, atravesando el pasillo y entrando en su cuarto para darle un beso de buenos días, mientras él tomaba un par de mates mientras pispeaba las noticias, antes de que me llevara a la escuela.
(Ahora que lo pienso, debería haberle dicho cuanto lo amaba cada mañana...)
Los recuerdos siguen, viéndolo las siestas bajo el sol, trabajando en sus mates, en sus cuadros o tirado (de una forma súper particular e incómoda en la cama), mirando TV. (Me entristece un poco tener que forzar la memoria..)
Recuerdo también una mañana en que se lastimó. No era nada, nada importante. Pero yo, sentía la necesidad de curarlo. Era como si yo misma me hubiese herido y no él.
Me acuerdo de que nos llevara a nosotros y mis amigos a la escuela los días de lluvia, para que no se mojaran. Lo recuerdo enseñándome a pescar, a ser hincha de un club de fútbol y andar en bicicleta. Lo recuerdo también en sus ausencias, como cuando tuve que operarme de urgencia.
Tengo en la memoria grabado ese día, esa última vez. Sus palabras, que llegaron como el viento a mis oídos.
Le conté también algunas cosas que no son recuerdos pero que indudablemente están liagos a él, como por ejemplo, una vez en que me dijeron "Sos igual a Mariano" y casi sin pensarlo contesté que ese, era el halago más hermoso que alguien podría hacerme.
Le conté de los fuegos artificiales y el viaje en tren. Reía a carcajadas. El "Gracias... Totales" un mediodía, justo para el almuerzo. La navidad y un aguinaldo. "Matador" de los "Cadillacs".
La sensación de que se me hincha el pecho de orgullo con cada: "Que buen tipo era tu viejo".
Le confesé que llevo miles de cosas, pero por sobre todo lo llevo a él, con sus errores y sus aciertos, muy adentro mío.
Me abrazó y por primera vez al contar su historia, no lloré. Sonreí. El me sonrió también, porque jamás me había visto con los ojos tan brillantes y con una sonrisa tan verdadera, hablar con tanto amor de alguien.

Feliz día, pa. Feliz día ma.

miércoles, 26 de abril de 2017

Abril.

Me había propuesto conocerme, quererme, enseñarme, crecer. Me había propuesto aprender a estar sola. A saber cuáles eran mis puntos fuertes y cuáles mis debilidades.
Había encarado la difícil tarea de saberme libre y disfrutar de ello. A no necesitar de nadie, más que de mi misma para ser feliz.
Entonces llegaste, para poner en duda cada uno de mis porqués. Para colocar una sonrisa en cada una de mis mañanas. No había forma de huir, aunque quisiera, aunque lo intentara. Me gustaba estar cayendo.
Estoy llena de miedo.
Bastó que te conociera para saber que todo pasado de cicatrices era necesario para saber agradecer la magnitud de lo que vos podías darme. Tenías que llegar de repente, para que conociera por fin, lo que es sentirse cuidada y no ser siempre yo la salvadora.
Te pertenecen muchas de mis primeras veces. Crezco cada día un poco más. Abrís frente a mi, un mundo de seguridad que hace quererme mucho. Aprendo todos los días algo sobre mi, sobre vos.
Desenpolve el disfraz de valiente, salté al vacío para huir del vacío.. Y me salió bien. Por primera vez, soy.
Soy feliz conmigo, pero no porque me quedé sola. Porque estando acá conmigo, siento ganas de compartir con vos lo bien que me siento.
Estoy llena de miedo. Que dirán, que opinarán, que pensarán, que diré, que opinaré, que pensaré, que haré. Basta verte llegar para alcanzar la calma, en un cuerpo que no para de planear, de pensar.
Basta que estés acá, sentado al lado mío para saber donde quiero quedarme.. y con quien.

martes, 10 de enero de 2017

Mañana es mejor.

Me encanta jugar a la salvadora, aunque creo que no termino de entender las reglas. 
Todo empezó gris, oscuro, frío. Te devolví la luz, o eso decías. Fuimos calma, fuimos fuego. Fuimos risas y llantos y también fuimos parte de un tiempo efímero de complicidad.

Y empecé a saberlo, aunque fingía que no. Ni siquiera me gustaba pensarlo: imaginarlo significaba ser plenamente consciente de las dimensiones de tu hastío. Estabas nuevamente distante, apagado, gris. Igual a cuando todo empezó. Estabas lejos incluso de los amaneceres más íntimos. Irónicamente, sentí que podía ser parte de la solución, cuando era parte del problema. Creí poder ayudarte a recuperar el sol; era parte de todo aquello que atormentaba tu cerebro.

Entonces te fuiste. Tomaste coraje y escupiste tres palabras apuradas, que pedían un perdón tembloroso pero se mantenían firmes en su decisión de partir. Y mi primera reacción fue reírme. Reír, como el mayor pesimista al descubrir que sus malos augurios eran reales, tangibles, palpables. Reír como acto reflejo al descubrir que las sospechas eran verídicas y que el haber querido ocultarlas no había servido de colchón para camuflar el dolor. Pero no reí. Lloré desconsoladamente- Lloré porque entendí que dejarme era tu forma de estar un poco mejor, pero nunca iba a ser la mía. Entendí que estabas mejor sin mi que conmigo, pero yo no lo estaba. Entendí que estaba total y completamente enamorada de un muerto en vida, de un eco efímero del tiempo cálido.

En mis días hubo y habrá más llantos y risas, pero todos cubiertos por un velo de neutralidad. Por ahora, cualquier atisbo de felicidad va a estar empañado por tu partida y por el inconmensurable miedo de que toda bonanza termina derrapando en mi mente, de que toda emoción fallece en este cuerpo plagado de muertes vivas.

Definitivamente, esta va a ser la última entrada del blog. En qué cabeza cabe usarlo para comunicar lo que mi garganta se niega a transmitir. 
No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que aguante.. Y lo mejor de todo, siempre espera adelante.